Opinión

Accesibilidad y seguridad cognitiva

Jueves, 26 Noviembre 2015 00:00 Escrito por  Berta Brusilovsky Filer Visto 1843 veces
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Integrantes del Curso de verano de la UPCT. Integrantes del Curso de verano de la UPCT.

Metodología participativa con usuarios (en permanente evolución), para la regulación de la accesibilidad cognitiva: motor de la inclusión

Después de publicar “Accesibilidad cognitiva. Modelo para diseñar espacios accesibles" (La Ciudad Accesible) llevar a cabo proyectos de diseño accesible en edificios públicos y privados (ayuntamientos, centros de personas con discapacidad y centros de día, edificios administrativos, universidades) de desarrollar cursos de formación con estudiantes y usuarios con diversidad funcional se pueden avanzar nuevos conceptos que no hubieran sido posibles sin el conjunto de innovaciones desarrolladas anteriormente en la materia, tratada como un medio o instrumento para la inclusión de personas con diversidad cognitiva. Estas experiencias con usuarios condujeron a la consolidación de los conceptos que se desarrollan a continuación.

Seguridad espacial cognitiva

La accesibilidad cognitiva o universal, es el resultado de pensar en todas las personas y una condición a la que deberían tender los entornos y edificios si se pretende que el hábitat donde se desarrollan las actividades humanas y sus relaciones recupere un objetivo de calidad que casi se ha perdido, en pro de un desarrollo desmesurado de las infraestructuras, los intercambiadores y de la tipología de barrios que se diseñan. Para ello el espacio debe reunir unas condiciones de calidad ambiental que permitan que todas las personas puedan desarrollar sus cualidades sin que medien barreras y sin que se pierda la calidad estética, funcional y la creatividad de los diseñadores de esos entornos y edificios. Este objetivo que se ha olvidado en tantos casos, es una condición que lamentablemente pertenece a más del 90% de los entornos, incluidos aquellos dedicados a actividades donde se desenvuelven personas con diversidad funcional. 

De la conclusión anterior se deriva un concepto complejo que tiene repercusiones sobre el disfrute y el respeto del conjunto de derechos de las personas con discapacidad que emanan de la Convención que España refrendó en el año 2008. Es la inseguridad cognitiva, una sensación física y mental (sin ser física de manera inmediata) como consecuencia del estrés y de la angustia que genera la confusión, la desorientación y la pérdida de referentes espaciales.  Esta sensación solo puede eliminarse si se generan una serie de respuestas en materia de diseño que el espacio debería ir introduciendo, acompañadas por soluciones de apoyo de índole verbal, escrita y gráfica. 

La inseguridad cognitiva tiene su reflejo en el aislamiento, la dependencia de apoyos humanos y de excesos en la búsqueda de tecnologías para el control personal, que se justifican publicitándolas como tecnologías que apoyan a las personas. Un hábitat cognitivamente accesible es un paso de gigante que habría que dar para la inclusión de todas las personas que libremente quieran y puedan desplazarse, comunicarse y relacionarse.  Pero donde es absolutamente necesario es para el logro de la autonomía, como el derecho a la toma de decisiones en relación con el desarrollo de actividades que en las actuales circunstancias les están vedadas a muchas personas, debido a las dificultades que el entorno entraña para sus desplazamientos y su seguridad física y mental.

A lo largo de los últimos años en que la accesibilidad universal desarrolla conceptos primero y normativa después, la parte cognitiva no ha recibido respuestas ni audaces ni comedidas por parte de aquellos que establecen reglas y mandatos sobre este tema.  Tal vez estos desafíos se miran con mucho respeto, debido a la heterogeneidad de situaciones que se encuentran en el espectro cognitivo. Retrasar la necesidad de asumir la obligación de diseñar espacios para la seguridad cognitiva -autonomía personal e inclusión social- es una meta que no se puede justificar por el exceso de normas que ya existen sobre accesibilidad universal: la seguridad cognitiva requiere sus propias determinaciones y conceptos.

Aparentemente, desde instituciones y organismos no se cree necesario establecer normas de diseño para la seguridad cognitiva. Esto va a determinar de manera permanente y a largo plazo (sobre todo en espacios urbanos)  menor calidad de vida para muchas personas, jóvenes y mayores Precisamente desde la experiencia en diferentes espacios, con usuarios y diversidad se ha comprobado que determinadas reglas de diseño, no solo la señalética son fundamentales para asegurar a las personas que desde que salen hasta que llegan a su destino, lo hacen de manera segura con autonomía y seguridad cognitiva. Porque “Cada vez que recordamos algo nuestro cerebro reescribe nuestros recuerdos para ajustarlo a nuestras expectativas y creencias” (Rodrigo Quian Quiroga). Y la disminución de alternativas, disminuye también los recuerdos y las actividades cerebrales, la memoria semántica de espacios y personas, que por el contario, activan las  experiencias, las expectativas permanentes y la capacidad de abstracción. 

Una plataforma para la inclusión

La comunidad y la sociedad en su conjunto son la motivación principal para trabajar, un compromiso adquirido por España a partir de su adhesión a la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas en 2008. Y sobre todo, para cumplir con lo que determina la legislación nacional y local en materia de respeto por los derechos de las personas con diversidad funcional.

La inclusión tiene un significado que debe ser maximizado, ya que es la interacción en el espacio, en un contexto determinado, compartiendo conocimientos y actividades con y entre todas las personas, con su propia diversidad funcional: el círculo de la inclusión.  Pero lo que hay que evitar es un círculo que hoy margina, y no alienta el conocimiento de todos los entornos y espacios, las personas, las organizaciones, las actividades. 

Una plataforma para la inclusión requiere abrir el círculo y sobre todo cooperación, ya que no se puede hacer de manera aislada y segregada: esto es lo opuesto a la inclusión. La unión de esfuerzos, opiniones y grupos de trabajo fortalecerá un camino sin vuelta atrás de derechos humanos y evitará que la cadena se rompa en el punto que debería ser más fuerte y está resultando más débil: la de la cooperación y colaboración entre instituciones especializadas en aras al logro de la calidad de vida de todas las personas. “La unión hace la fuerza”, y en este caso la fuerza reside en la consolidación de las condiciones de igualdad y de los derechos individuales para la toma de decisiones, a través de un entorno y una información accesibles y de una sociedad inclusiva, sin matices proteccionistas, pero segura para todos.

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