Opinión

Accesibilidad porque yo lo valgo

Lunes, 02 Septiembre 2013 00:00 Escrito por  Antonio Corbalán Pinar Visto 1085 veces
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En 2013, la edad media en España alcanzó los 82,2 años./ Antonio Corbalán En 2013, la edad media en España alcanzó los 82,2 años./ Antonio Corbalán

Vivimos más tiempo por lo que el entorno debe ofrecer mas de lo que ha ofrecido en la historia de la humanidad

¡Cómo ha cambiado la vida! Si hablamos con nuestros abuelos nos contarán cosas que no sólo es que no las hayamos visto nunca, sino que nos parecen esperpénticas, en relación a la calidad de vida cuando ellos tenían nuestra edad, que en términos sociales, no supone demasiados años.

Profundizando un poco más en el tema y si analizamos estadísticamente algunas variables relacionadas, podremos observar que no hace mucho más de 100 años, la población humana no superaba los 35 años de esperanza de vida y además, la mitad de los nacidos en la historia murieron antes de cumplir los 15 años.

La cosa ha cambiado y no es que nosotros hayamos recibido una "actualización" y seamos distintos. La vejez siempre ha existido, pero era una cuestión que se daba en menor número y no por alguna característica especial.

En 2013, la edad media en España alcanzó los 82,2 años (79,3 años en varones y 85,0 años en mujeres) y aunque la cifra es sensiblemente menor que en años recientes, sigue siendo elevada con respecto a hace un siglo.

Pero no es sólo que vivimos más tiempo, con todo lo que eso supone. Actualmente, se curan o se tratan más enfermedades y problemas de salud que antes. Por ejemplo, si retrocedemos a la Edad Media, si alguien "se rompía el espinazo" normalmente no sobrevivía y por tanto, no hubo necesidad de inventar sillas de ruedas y la ciudad medieval nunca fue pensada para estas necesidades, en parte porque no se planteaban (obviamente, esto es simplificarlo mucho, pero no por eso existe menos relación).

Esto es lo contrario que pasa ahora, ya que actualmente sí se hace necesario estudiar todas estas cuestiones y sus implicaciones prácticas en la ciudad, en los entornos y en todos y cada uno de los edificios.

Vivimos más tiempo y por tanto lo que debemos exigir por esta circunstancia es más de lo que cualquier ciudad o entorno en la historia de la humanidad ha ofrecido a su población. Y parece que no nos hemos dado cuenta aún de esto. Y lo que es peor, si somos conscientes de esta situación, lo que quizás sea más probable de encontrar cuando la planteamos a los responsables (no sólo políticos) de turno es que, dándonos unas fraternales palmadas en la espalda, nos digan que están con nosotros pero que lamentablemente no hay posibilidad de hacer lo que pedimos, aunque sea en una fase inicial muy razonable, porque no hay dinero para ello (¡qué originalidad! ya podrían cambiar la excusa).

Todos, absolutamente todos los que compartimos este periodo histórico, hemos tenido, tenemos o tendremos una discapacidad, permanente o no, que nos exigirá espacios accesibles para seguir con nuestra vida de una forma digna. Por eso mismo la accesibilidad debe existir y exigirse "porque yo lo valgo", ya que todos, incluso los responsables que no ven más allá de los años que dure su puesto, la necesitaremos más tarde o más temprano. El no diseñar, construir, educar, exigir y ofrecer accesibilidad es por tanto un perjuicio que nos hacemos a nosotros mismos y es quizás, una de las características menos loables del ser humano, que prefiere acciones efectistas a corto plazo, que efectivas a largo plazo.

Ahora es cuando interiorizando el mensaje de urgencia y necesidad, al terminar este artículo, damos un giro a nuestra cabeza, independientemente de que tengamos más o menos pelo y nos decimos a nosotros mismos en voz alta: ¡accesibilidad universal ya, porque yo lo valgo!

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